Importancia de la hidratación en nuestra calidad de vida


La hidratación juega un rol determinante en el estado de salud del ser humano. El agua en sí, es el componente mayoritario del cuerpo y es esencial en numerosos procesos fisiológicos, por ejemplo: la digestión, reacciones metabólicas, regulación de la temperatura corporal, transporte y absorción de nutrientes, entre otros.

El agua contenida en los alimentos junto con la que bebemos y el resto de líquidos que ingerimos tienen que garantizar una correcta hidratación en todas las edades y circunstancias vitales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la ingesta diaria total de agua de 2-2,5 litros.

El buen clima permite realizar actividades al aire libre provocando que el cuerpo se mueva más, lo que se traduce en un aumento del gasto de energía y pérdida de agua corporal por transpiración. Esto, sumado a un aumento de la temperatura, en algunos lugares acompañado también de un mayor grado de humedad, hace que el gasto hídrico del cuerpo se incremente.

Algo muy importante a tener en cuenta, no se debe esperar a sentir sed para tomar líquidos. La boca seca ya es síntoma de deshidratación y el instinto de beber se pierde con la deshidratación progresiva. Por eso, no hay que confiar en la sed y conviene beber regularmente de 8 a 10 vasos a lo largo del día. 

La deshidratación provoca cansancio, dolor de cabeza, dificultad de concentración, malestar general, entre otros síntomas. Una pérdida del 2% del agua corporal supone entre otros síntomas, una merma del 20% de la energía física y cuando se pierde el 10% se eleva el riesgo de sufrir complicaciones graves.

Además de la cantidad de líquidos necesarios para asegurar un balance hídrico adecuado, es importante tener en cuenta el perfil nutricional de las distintas bebidas y su equilibrio en el conjunto de la dieta.

Agua: Como principal bebida de hidratación, su consumo no debe ser inferior a los 2 LT por día.

Zumo de frutas: Además de tener un alto contenido en agua, aportan minerales y vitaminas, además de azúcares de absorción rápida que aportan energía.

Bebidas refrescantes: Están compuestas en un 85-90% de agua y se le añaden distintos ingredientes (zumos de frutas, aromas, etc). Pueden ser carbonatadas o sin gas, con azúcar o fructuosa o sin azúcar, su variedad y sabor contribuyen a saciar la sed y son un buen complemento para beber el líquido necesario.

Bebidas con sales minerales: Además de ayudar a mantener los niveles normales de estos nutrientes, permiten un rápido vaciado gástrico del estómago consiguiendo una más rápida hidratación.

Infusiones: Un clásico para tomar algo calentito en el invierno (como alternativa se pueden tomar frías si se prefiere)

Por el contrario, las bebidas alcohólicas no son una fuente de hidratación y no son recomendadas para cumplir dicha función.

Bebidas para deportistas: Son un recurso muy útil ya que permiten conseguir una rápida hidratación y mantener niveles óptimos de aporte energético y electrolitos los cuales se pierden a través del sudor, imprescindible para el correcto funcionamiento del sistema muscular y el rendimiento deportivo. Las bebidas isotónicas o deportivas se pueden preparar de manera casera, aquí les dejamos una receta:
               

Dr. Jarast

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